En una charla en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Belgrano, la cofundadora y coordinadora de Educación de Proyecto Desconfío, Soledad Arréguez Manozzo, abordó la evolución de la desinformación y el rol clave de la educación en la construcción de un ecosistema informativo más confiable.
La charla “¿Cómo sobrevivir al caos informativo?” se centró en el análisis de la evolución del rumor —entendido como un fenómeno social que se expande en contextos de relevancia e incertidumbre— hasta las piezas desinformantes digitales, amplificadas por algoritmos y plataformas.
En este marco, se destacó el avance de los deepfakes, contenidos sintéticos generados mediante inteligencia artificial capaces de reproducir con alto grado de realismo imágenes, voces y gestos. Esta tecnología marca un punto de inflexión en la forma en que se construye y percibe la evidencia.
La crisis de la mediación visual
La irrupción de la inteligencia artificial generativa está redefiniendo una de las bases históricas de la comunicación: la confianza en la imagen como prueba de verdad. Hoy, lo que se ve —y también lo que se escucha— puede ser producto de una construcción sintética.
Este cambio impacta de lleno en la circulación de información en medios y redes sociales, erosiona la confianza en las instituciones democráticas, complejiza la validación de pruebas en el ámbito judicial y abre nuevos interrogantes en torno a la privacidad y la identidad.
En ese marco, Arreguez advirtió: “Durante mucho tiempo, ver era creer. Hoy ese contrato está roto”, en referencia al impacto de la inteligencia artificial sobre los criterios tradicionales de veracidad.
En este escenario, distinguir entre contenidos auténticos y fabricados se vuelve cada vez más difícil. La consecuencia es directa: los procesos de verificación se tensionan y la toma de decisiones —tanto a nivel individual como colectivo— queda expuesta a mayores niveles de incertidumbre.
Estrategias frente al desafío
Frente a este escenario, se plantearon tres ejes de acción: la verificación de la información mediante herramientas digitales y análisis de fuentes, la pausa en la circulación de contenidos para evitar la viralización impulsiva y la educación en alfabetización mediática y digital.
En ese sentido, Arreguez sintetizó: “La tecnología crea el problema, pero el criterio humano sigue siendo la solución”, al tiempo que subrayó la necesidad de fortalecer habilidades críticas para interactuar con contenidos en entornos digitales cada vez más complejos.
Universidad y compromiso con la integridad informativa
La actividad se inscribe en una agenda más amplia de Proyecto Desconfío, orientada a investigar, capacitar y desarrollar herramientas para combatir la desinformación en América Latina.
En este marco, la universidad se posiciona como un actor clave no solo en la formación académica, sino también en la generación de capacidades críticas que permitan a las nuevas generaciones desenvolverse en entornos informativos complejos.