Desinformación, género y poder: cómo se construyen las violencias en la era digital

En los últimos años, la desinformación dejó de ser solo un problema vinculado a la circulación de contenidos falsos. También se consolidó como una herramienta capaz de amplificar desigualdades y producir daño, especialmente cuando se dirige de manera sistemática hacia determinados grupos.

En este contexto, la desinformación de género emerge como un fenómeno cada vez más visible. No se trata únicamente de información incorrecta: son contenidos que buscan desacreditar, intimidar o desalentar la participación de mujeres y diversidades en la vida pública.

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, resulta clave analizar cómo estas dinámicas se articulan con otras formas de violencia y cómo el desarrollo tecnológico —especialmente la inteligencia artificial— está introduciendo nuevas modalidades de agresión.

 

Mentir, atacar, silenciar: ¿cómo opera la desinformación de género?

La desinformación suele asociarse con la idea de engaño o manipulación. Pero también puede generar confusión, polarizar y activar respuestas emocionales intensas. Cuando se cruza con el género, ese impacto se profundiza: refuerza estereotipos, desacredita voces y condiciona quiénes pueden participar del debate público.

En muchos casos, la desinformación no actúa sola. En su “Guía práctica para responder a la desinformación de género”, expertos consultados por la Organización de Estados Americanos (OEA) señalan que las campañas desinformativas incorporan elementos de violencia, mientras que los ataques violentos utilizan estrategias de desinformación para amplificar su alcance. Esta convergencia potencia el daño y dificulta su identificación.

Lejos de ser episodios aislados, estas prácticas responden a dinámicas que buscan sostener desigualdades. La desinformación de género puede funcionar como un mecanismo para desacreditar voces, limitar la participación en el espacio público y desalentar liderazgos, especialmente en ámbitos políticos y sociales.

Los datos muestran la magnitud del problema: un estudio realizado en la Ciudad de Buenos Aires por la Defensoría del Pueblo, junto al Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA) y la Iniciativa Spotlight, señala que las situaciones de mayor vulneración se concentran en mujeres jóvenes y diversidades sexuales. En 2024, el 60 % de las mujeres y el 52 % de las personas LGBTIQ+ encuestadas reportaron haber atravesado situaciones de violencia de género digital.

Las consecuencias son concretas. Mujeres y diversidades enfrentan mayores niveles de exposición y hostigamiento al participar en el debate público, lo que muchas veces deriva en autocensura, retiro de espacios o menor incidencia en la agenda. Así, la desinformación no solo afecta a quienes son blanco de los ataques, sino que también empobrece el debate democrático.

 

Deepfakes, la nueva cara de la violencia digital

El avance de la inteligencia artificial sumó una nueva capa a este problema. Los llamados deepfakes —imágenes, audios o videos generados mediante IA que simulan situaciones reales— plantean un desafío particular, tanto por su sofisticación como por sus usos. 

Se trata de una de las manifestaciones más extendidas es la creación de contenido sexual utilizando la imagen de mujeres reales sin su consentimiento, o sea, una forma de violencia sexual digital basada en la manipulación de imágenes, que puede incluir la creación, difusión o amenaza de publicación de estos materiales. Es importante destacar que, según el estudio global publicado en 2023 por Home Security Heroes, el 99% de las personas que fueron blanco de violencia digital por deepfake son mujeres.

El nivel de realismo de los deepfakes dificulta su detección y favorece su circulación, amplificando el daño. Pero su impacto no es solo individual: la posibilidad de crear contenido falso con apariencia verídica habilita nuevas formas de extorsión, daño reputacional y control.

El dossier “Violencia de género potenciada con IA: estrategias para abordarla desde América Latina”, de la organización Impacto Digital, señala que si bien en un primer momento los ataques se concentraban en mujeres con alta exposición pública —como figuras del entretenimiento, periodistas o políticas—, la creciente accesibilidad de estas tecnologías amplió el alcance del problema: hoy cualquier persona, especialmente adolescentes y jóvenes, puede ser blanco de este tipo de agresiones, incluso en ámbitos educativos. 

Lejos de ser un fenómeno menor, la violencia digital tiene consecuencias reales sobre la salud física y mental, la reputación, la economía y la dignidad de quienes la sufren. Además, sus efectos trascienden lo individual: contribuyen a normalizar la violencia sexual, degradan la pluralidad de voces y afectan la calidad del debate público, poniendo en tensión los principios básicos de la convivencia democrática.

 

Una agenda urgente

«La desinformación de género no es un fenómeno aislado ni exclusivamente digital. Es parte de un entramado más amplio de desigualdades que se reproducen y se adaptan en los entornos tecnológicos», señala Soledad Arréguez Manozzo, co-fundadora de Desconfío y  especialista en alfabetización mediática e informacional.

“Por eso, no alcanza con pensar la desinformación solo en términos de verdad o falsedad. También tenemos que preguntarnos qué efectos producen esos contenidos, a quiénes afectan y qué voces buscan desalentar o expulsar del debate público. Cuando la mentira se usa para desacreditar, hostigar o silenciar a determinadas personas, deja de ser solo un problema informativo: se convierte en una forma de violencia”, agregó.

Reconocer estas dinámicas, visibilizarlas y generar herramientas para enfrentarlas es parte de la tarea. No solo para mejorar la calidad de la información, sino para garantizar que el espacio digital sea, también, un espacio donde todas las voces puedan participar en igualdad de condiciones.

 

Fuentes:

Violencia de Género Potenciada con IA: Estrategias para abordarla desde América Latina (Impacto Digital), 2026.

Comisión Interamericana de Mujeres. (2025). Guía práctica para responder a la desinformación de género, 2025.